jueves, 16 de diciembre de 2010

Últimos minutos

Qué menos que empezar felicitando a Flor, Pablo y Sergio por su suerte más que echada al haberse convertido en embajadores Erasmus sinmaletas.com.

Y, ¿ahora?

Ya he agradecido a todo el equipo de sinmaletas.com y a los otros nueve finalistas el haberme hecho pasar estos buenos ratos durante un mes de intriga. A algunos, personalmente. A otros, con este vídeo:

video

Y al resto, señores personajes que me habéis votado, muchas gracias en mayúscula, en letra grande y en negrita.

¿Tendré la misma suerte que Flor, Pablo y Sergio mañana? No se puede decir que no me lo merezca (como veis, eso de echarme flores no se me da mal), pero también se lo merecen otros finalistas del concurso. Sí, yo también tengo mis favoritos, y si sale alguno de ellos embajador mañana no tendré más que alegrarme mucho e ir adonde esté para robarle su iPad. Y todos contentos.

Qué lástima, pero adiós
Hoy es el último día, las últimas horas, los últimos minutos y los mejores recuerdos. La última pizza margarita, el último spritz y las últimas pedaladas en mi bici color granate.
Podéis uniros a mí actualizando a cada segundo cercano a las 00,00h esta web para descubrir cuántas cervezas os debo.

Mañana marcho a Madrid, sin otro rumbo que El Corte Inglés de Princesa, donde dejaré mi maleta por unas horas a la espera de que aparezca mi anfitriona gallega dispuesta a acogerme en su casa. Y mientras, cómo no, tocarán unas cañas en El Tera, que ya se echan de menos. O donde me lleven los chicos del Delta, que también les echo de menos.

Debería pasarme por El Eco, que están de venta. Aunque sea sólo para felicitar a la cara de nada de Loren por su gran actuación como plátano en la última campaña de publicidad de esa revista en la que llevo siendo partícipe más de cinco años.



En Mérida me esperan el sábado. Mi perro, mi gata, mi otra gata (que empieza a parecerse a una matrioska), las tortugas y el parque de enfrente. Las temperaturas por encima de los cero grados, la gente hablando en extremeño cerrao, los bares, los puentes y, por supuesto, mi abuela con su mirada hacia los noventa años.

Y el domingo ya me encargaré yo de ser la que mire hacia unos ojos azules, y ya hablaremos del resto.

No es que me quiera ir de Padova, pero no se pueden negar las ganas de ese reencuentro que se dibuja todos los años al volver por Navidad. Pero este año... este año es especial.

Gracias a todos

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